Al igual que los faroles de alumbrado público, en Japón cuentan con una milenaria tradición de iluminar los espacios abiertos con ishi-doros o toros, que significa “linternas de piedra”.
La difusión de estos singulares lamparines es contemporánea a la llegada del budismo a tierras niponas. Y vaya que se nota la influencia de la religión en la estética de los ishi-doros. Pues la “kasa” o cubierta es de forma similar a la de techos de los templos dedicados al célebre guía espiritual.
Principalmente, se utilizaban las linternas de piedra para alumbrar los amplios jardines de los templos, camuflados como parte del paisaje natural. Además, concentrando gran cantidad de luz que permitía un mejor panorama.

Luego su uso se extendió a las ceremonias del té, ya que propiciaba un clima de calidez y relajación necesarias para llevar a cabo el ritual. Y en la actualidad se pueden emplear como elemento decorativo en varios espacios, sobre todo domésticos.
Tener un ishi-doro en el jardín delantero de casa brinda un especial recibimiento a los visitantes y es un gran protector de la buena vibra de nuestro hogar. Así mismo es ideal para la terraza y el jardín trasero. Pero también enriquece ambientes cerrados, como el bar -por ejemplo, si está ubicado en el sótano- e incluso la sala o el recibidor, a manera de escultura sobre un pedestal.

Aparte de las tradicionales linternas con techo de templo budista, hay variedad de diseños en las tiendas de esculturas japonesas. Las compras las puedes realizar por catálogo o incluso de manera personalizada, sólo es cuestión de elegir cuál se ajusta más al estilo de nuestra vivienda y “se habrá hecho la luz”.
Fuente: Jardines Japoneses
Imagen: Edo Arts, Batudewa.
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