
Más que una necesidad, la iluminación del espacio es un elemento fundamental en la decoración. No solo porque permite admirar la composición del mobiliario y ornamentos, sino porque proporciona una cualidad especial al ambiente de acuerdo a su color, intensidad y ubicación.
Dentro de los accesorios “luminosos”, los focos halógenos destacan por su alta potencia y bajo consumo de electricidad. Producen una gran cantidad de luz blanca, que es preciso adecuar a los diferentes espacios para que transmita el toque deseado sin poner en riesgo la visión de quienes los utilizan.
A diferencia de los focos convencionales, los halógenos proyectan una luz muy clara y nítida, por lo que pueden ser aprovechados para resaltar algunos objetos -como cuadros, aparadores o elementos decorativos de cerámica y cristal- y zonas de la casa (por ejemplo, pasadizos, terrazas o el jardín interior).
Como el fuerte calor que producen puede afectar la cubierta de las paredes, lo mejor es utilizar las bombillas halógenas con reguladores de potencia y placas de vidrio o bien empotrarlas en un falso techo, que es una placa de losetas que antecede al techo “real” para que no se noten las conexiones y brindar un aspecto más moderno al lugar.
Para quienes les gusta un efecto más cálido que el del blanco, también existen filtros de colores en distintos tamaños y formas, a fin de ubicarlos en los lugares más insospechados y dar una “luminosa” sorpresa en una fiesta o cita romántica.
Fuente: Facilismo.com
Imagen: AñosLuz de Serrano 230
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